La morfología lesional proporciona pistas críticas tanto sobre las características de clase del arma blanca utilizada como sobre la dinámica del ataque. Por ejemplo, un movimiento de corte o tajo típicamente produce heridas incisas que son más largas que profundas, mientras que un movimiento de apuñalamiento con un arma puntiaguda da como resultado heridas punzantes profundas. Al examinar los trayectos lesionales, los bordes de la herida y la secuencia de las lesiones, los patólogos forenses pueden reconstruir eficazmente el suceso y determinar el golpe fatal.
Cuando el material biológico —como la sangre de la víctima o del agresor— se deposita en un arma, esta se transforma en una pieza fundamental de evidencia forense. El análisis de un cuchillo recuperado en la escena del crimen puede revelar el grupo sanguíneo, huellas dactilares latentes y perfiles de ADN extraídos de la sangre o de células epiteliales descamadas.
La capacidad de generar perfiles de ADN a partir de células epiteliales transferidas por simple contacto —comúnmente conocida como «ADN de toque» (Touch DNA) o ADN traza— surgió hace más de dos décadas. Desde entonces, las metodologías de extracción han avanzado significativamente, requiriendo cada vez menos material biológico para desarrollar un perfil genético viable. El ADN de toque se basa en la transferencia de células epiteliales nucleadas y queratinizadas que se desprenden de la epidermis durante el contacto físico. Debido a que la cantidad de material genético depositado suele ser minúscula, en biología forense se utiliza con frecuencia el término «ADN de baja cantidad de plantilla» (low-template DNA) o «ADN traza».
La probabilidad de recuperar un perfil de ADN completo depende en gran medida de la capacidad de descamación (shedder status) del individuo, sus actividades previas al contacto y el sustrato del objeto tocado. Las tasas de recuperación varían significativamente según las diferentes superficies; los estudios indican una tasa de éxito de aproximadamente el 10% en vidrio, el 23% en telas y el 36% en superficies más rugosas y porosas como la madera.
La identificación mediante ADN traza se ha convertido en una herramienta estándar en la casuística forense moderna a nivel mundial. Uno de los casos de mayor perfil que ilustra las complejidades y los peligros potenciales del ADN de toque es el asesinato en 2007 de la estudiante británica Meredith Kercher en Perugia, Italia, que condujo a la condena errónea y posterior absolución de la estudiante estadounidense Amanda Knox y su entonces novio, Raffaele Sollecito.
Si bien un tercer sospechoso, Rudy Guede, fue vinculado de manera definitiva con la escena del crimen y la víctima a través de múltiples perfiles de ADN coincidentes (y posteriormente condena por el asesinato), el caso contra Knox y Sollecito se basó en gran medida en evidencia controvertida de ADN traza en niveles muy bajos. Dado que no se encontró ningún arma homicida en el lugar inmediato de los hechos, los investigadores se centraron en un cuchillo de cocina grande recuperado de un cajón de cubiertos en el apartamento de Sollecito.
El análisis forense de este cuchillo arrojó un perfil de ADN de bajo número de copias (LCN – Low Copy Number) que coincidía con Knox en el mango, y un perfil de traza altamente disputado atribuido a Kercher en la hoja. Otra pieza crítica de evidencia fue un perfil de ADN traza coincidente con Sollecito hallado en el broche cortado del sostén de Kercher, el cual fue recolectado de la escena del crimen días después del procesamiento inicial.
La defensa escudriñó minuciosamente esta evidencia traza, argumentando que las cantidades de ADN eran demasiado bajas para obtener un perfil confiable y señalando graves fallas en el procesamiento de la escena del crimen y en la cadena de custodia, lo que probablemente provocó una contaminación cruzada. Tras una extraordinaria serie de apelaciones, juicios nuevos y veredictos cambiantes a lo largo de ocho años, el Tribunal Supremo de Casación de Italia absolvió definitivamente a Knox y Sollecito en marzo de 2015. El caso sigue siendo un estudio de referencia en la comunidad forense, lo que subraya la importancia crítica de contar con protocolos rigurosos de recolección de indicios y los riesgos inherentes de depender exclusivamente del ADN de toque de baja cantidad sin evidencia contextual que lo corrobore.